El Temblor del Cambio


Yo estaba sentada en mi futón escribiendo cuando de repente oí un crujido en las paredes. Suponiendo que era el habitual autobús conduciendo por la calle, pensé nada de eso. Segundos más tarde, mis dos gatitos vinieron volando erráticamente a la sala y de pronto toda la habitación comenzó a sacudirse. Estábamos teniendo un terremoto. Mis piernas involuntariamente se volvieron a gelatina.

Yo vivo en San Francisco, por lo que no soy ajena a los terremotos. Pero a pesar de eso todavía le dan un shock cuando vienen, siempre de manera tan inesperada. Varias horas más tarde, después de haber calmado de la adrenalina del terremoto pequeño, yo estaba acostada en la silla de la acupuntura, llena de agujas y, definitivamente, lista para la relajación de mi tratamiento de acupuntura semanalmente. De repente, la clínica de la acupuntura empezó a temblar un poco violentamente. ¡Tiré mi parte superior del cuerpo en el aire y grité un improperio! ¡Nos lo estábamos pasando otro terremoto! Dos veces en un día.

Estos dos terremotos fueron hace varios meses ahora, pero me acordé de ellos a principios de esta semana, cuando me despertó a las 5:30am por otro terremoto. Afortunadamente ninguno de estos terremotos fueron serios, pero cada uno de ellos me ha llegado a pensar… pensar en el cambio. Me ha pensando en cómo el cambio puede venir en cualquier momento, cuando menos Ud. lo espera, y muchas veces cuando usted no está remotamente preparado para ello. Estoy segura de que todos hemos aprendido esta lección en nuestras vidas, a menudo de la manera difícil.

Me parece que hay tres tipos de cambio: 1. los cambios que hacemos conscientemente y para los que estamos muy contentos, 2. los cambios que te hacen por propia voluntad, pero que sin embargo siguen siendo muy difícil ya veces desgarradora, y luego hay el tercer tipo de cambio: el cambio que te atrapa por completo con la guardia baja, te agarra por completa sorpresa y tiene la habilidad de destrozarte, al igual que un terremoto. He aprendido a través de mis propias experiencias que podemos aprender a acercarse a todos estos tipos de cambios de la misma manera: con la claridad, la vulnerabilidad y la disposición a aceptar lo que venga en nuestro camino … y no sólo a aceptarlo, pero a abrazarla . Pero no he venido a este lugar con facilidad.

Nunca olvidaré el primer gran cambio de mi vida “adulta.” Tenía 18 años de edad, apenas una adulta, y debido a un corazón quebrantado y emociones complejas en las que estaba estancada en mi ciudad natal, tomé la decisión (en el estímulo de mi madre) para conducir las dos horas al norte para pasar el verano viviendo en la adorable casa de playa de mis abuelos en la ciudad turística de York Beach, Maine. Me había pasado toda mi infancia viajando allí en los veranos con mi familia. Fue, de hecho, mi lugar favorito en la tierra, entonces que debería haber sido un cambio emocionante. Y en parte, lo fue.

Sin embargo, después de empacar el coche y conducir parte del camino de ida hasta la carretera por lo que pareció un viaje a otra dimensión, me encontré de repente sobrecogida con el pánico. Yo nunca había vivido en otro lugar, salvo mi pueblo pequeño y pintoresco colonial de Wrentham, Massachusetts. Nunca había conocido a ningunos amigos, salvo estos amigos con los que había asistido a la escuela durante los últimos doce años. De repente, la idea de mudarme a un nuevo lugar, donde no conocía a nadie (aparte de mi familia), fue aterrador.

Paré en una gasolinera, bombeé al teléfono público lleno de monedas y llamé a mi mejor amiga de mi ciudad natal. Yo estaba llorando, estaba presa del miedo. El temblor del cambio me había tomado el control. Esta amiga, que había sido mi amiga más cercana de lo largo de mis años de escuela secundaria, fue sabia para sus 18 años de edad. De alguna manera ella sabía que tenía que vencer el miedo y enfrentarme a este cambio. Ella me dijo a forjar adelante. Mis ojos llenos de lágrimas, me metí en el coche y continué, impregnada en mi propia inquietud.

Bueno, me alegro mucho de que esa amiga me animó a seguir adelante, porque ese cambio resultó ser uno de los más importantes que he hecho. Fue ese paso que me permitió ver que había vida más allá del radio de 20 millas que había conocido toda mi vida. Esa mudanza se abrió un mundo completamente nuevo para mí que yo nunca podría haber imaginado, un nuevo trabajo, nuevos amigos, y lo más importante … una nueva perspectiva. Pero aún más importante, que era esta mudanza, este primer desplegar de mis alas que allanaría el camino para que yo a bucear de cabeza a muchos cambios más significativos en el futuro. Fue en gran parte este cambio que me permitió ponerme en un avión, por mí misma, para ir a vivir en España durante un año, para luego mudarme a varias ciudades nuevas y, a continuación, además de mudarme a través del país y comenzar una nueva vida. Todo comenzó con este viaje de dos horas a York Beach, Maine.

Pero parecía que estos cambios intencionales, a pesar de haberme forzado a superar el miedo, hicieron poco para prepararme para los cambios inesperados, no deseados e involuntarios que se iban a venir a lo largo de mi camino. Cuando el primer amor verdadero de mi vida me dejó en mi mediados de los años 20, me sentí como se había producido un terremoto y toda la tierra se había caído por debajo de mis pies. Parecía que no habría forma posible de poner las piezas juntas de nuevo. Mi mundo se había derrumbado.

Hice todo en mi capacidad humana para tratar de adaptarme a ese cambio, pero a pesar de mis mejores esfuerzos, se trataba de un cambio al que yo simplemente no podía ajustar. Sin darme cuenta, estaba luchando con uñas y dientes para resistir el cambio, y he sufrido mucho por ello. La vida estaba tratando de llevarme con la corriente, pero me negué a ir. Yo no podía ir. Yo no sabía cómo, dónde o por qué. No fue sino hasta un corazón roto aún más devastador, seis años más tarde, que iba a empezar a darme cuenta de que sólo había una manera de lidiar con un cambio no deseado y desgarrador. Si ese primer corazón roto había visto la tierra que caiga por debajo de mí, entonces ésto lo próximo me había hecho igual y además me había superado como un tsunami gigante y me estaba ahogando en mi propio dolor, en la desesperación total. Mientras luchaba para respirar bajo el peso de las olas de trituración, llegué a un punto de desesperación total, un punto donde yo sabía que sólo tenía una opción: tenía que rendirme.

Desde que he llegado a ese punto de la rendición en los últimos años, he empezado a perfeccionar el arte de rendirse, seguir la corriente y confiar en las fuerzas universales. He aprendido que a pesar de que no se pueden ver en el momento, hay razones para que todos estos cambios, por más dolorosa e inesperada, entran en nuestras vidas: ellos vienen a darnos lecciones de gran alcance; vienen a llevarnos con la corriente y llevarnos a los nuevos lugares que nunca podríamos haber imaginado antes; vienen para transformarnos en las personas que estamos destinados a ser. Estos cambios, por no buscados y devastadores, sin embargo me han permitido vivir a través de una transformación, una alquimia más poderosa que yo nunca podría haber imaginado. Ellos me han permitido florecer en una persona con la que nunca podría haber conocido, viviendo una vida de riqueza emocional y espiritual de la que nunca me hubiera atrevido a soñar. Estos cambios, no obstante no deseados, se encontraban ser en el final … regalos.

Y una de las lecciones más poderosas que he aprendido de caminar por el fuego de mis propios cambios, es como verdaderamente abrirme y rendirme a los cambios que pueden venir en mi futuro: todo lo que pueden ser, sin embargo doloroso, sin embargo inimaginable y estremecedor. Cuando pienso en el terremoto de esta semana, los que ya han pasado y los que vendrán, me he dado cuenta de que los terremotos nos proporcionan una gran lección para la vida:

El cambio dramático puede llegar en cualquier momento. Para hacer frente, adaptarse y medrar, hay que suavizar, rendirse y seguir la corriente.

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2 respuestas a El Temblor del Cambio

  1. Monina dijo:

    Maravillosa, como siempre Jeannie…. y si supieras desde qué pequeño y lejano lugar te escribo…. (bellísimo y al que adoro), lugar sísmico este también. Sísmica he sido yo y aún hoy me cuesta -sólo que me doy cuenta cuando ocurre y viro la dirección- a los cambios de los que hablas: frente a ellos: rendirme y seguir con la corriente…. y cada vez que lo he hecho algo maravilloso ha pasado después.
    Y lo más maravilloso es leerte hoy en que atravieso una época de cambios…. y estoy así: yendo del miedo a la rendición y a la aceptación pues sé que algo ha empezado a moverse ¡¡y eso es maravilloso!!!

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