Cielo Bajo mis Pies


DSCF2660Siempre me he sentido fascinada por esos momentos en los que de repente nos encontramos en lugares nunca antes imaginados. Este fue uno de esos momentos. Sentada en el campo verde, mirando al lago cerca del Centro Yoga y Salud Kripalu, en medio de las preciosas montañas del oeste de Massachusetts, reflexionaba con encanto todos los puntos, los hecho y factores que se unieron y confabularon conduciendome hasta este lugar.

Todo comenzó en Boston, hace casi un año, cuando el novio de mi madre, quien me reconoció como una dedicada practicante de yoga, me dio un catálogo de Kripalu. Alegremente lo tomé y llevé conmigo a San Francisco, sintiéndome  agradecida con él por recordar mis intereses. Después de hojear a fondo a través de (y cayendo la baba sobre) sus programas, el catálogo tomó una residencia permanente en mi mesa de café.

Adelantando la historia algunos meses: un día en medio de una búsqueda de trabajo, me detuve a meditar, esperando encontrar algo de claridad sobre la dirección a tomar. Allí, en uno de esos instantes extraños pero fructíferos, surgió un chispazo de luz: el nombre “Kripalu” llego a mi mente. Si he aprendido algo por medio de mis meditaciones, es que cuando uno de estos mensajes, aparentemente al azar, se manifiesta, es importante honrarlo y ponerle atención.

Abruptamente interrumpí mi meditación y saqué el computador. Fui a la página web del centro Kripalu, donde encontré una oportunidad de trabajo interesante para mi….todo esto aunque tenía una profunda sensación de no querer mudarme al este otra vez, de no querer regresar al helado invierno de esa zona. En todo caso, escuchando mi mente racional, apliqué por el trabajo.

DSCF2654Como siempre, siendo una maestra en conecciones, contacté a mis contactos para ver quien posiblemente conociera alguién en Kripalu. Para mi sorpresa, uno de mis amigos escritores resultó ser amigo de un gran profesor, practicante y escritor de yoga y espiritualidad, quien con regularidad enseña en el centro. Muy cortésmente, mi amigo pasó mi currículum vitae a este profesor. Sin embargo, el universo tenía otros planes para mi: el trabajo en Kripalu no resultó, y yo vi con claridad que me siento en casa donde estoy ahora: San Francisco.

En todo caso, esta conexión dio muchos otros frutos para mi camino, pues resultó que trabajé como consultora de este reconocido autor y profesor de yoga. Tener el privilegio de trabajar con este maravilloso hombre, cuando yo aprendía más sobre él y leía sus libros, yo reconocía que éste era un ser a quien realmente quería conocer mejor y cuyo trabajo quería seguir y apoyar.

Y acá me encontré, respirando el fresco olor primaveral de los Berkshires, después de hacer el viaje desde la costa oeste hacia las tierras inexploradas del oeste de Massachusetts para asistir a este curso de “ Metta,” la práctica del amor y la benevolencia para con todos los seres sintientes, impartido por este Profesor.

Como parte de nuestras prácticas de meditación durante el fin de semana, y con el fin de aprovechar el maravilloso clima primaveral, el profesor cambió la agenda del día de forma espontánea. Realizamos una práctica de meditación caminando allí en el delicioso césped- una práctica que me resultó poco agradable unas semanas antes allí en California. Pero aquí, bajo el sol brillante de la primavera, mis pies se sintieron en un paraíso cuando me quité mis sandalias y toqué el suave y grueso pasto, calentado por el sol.

Mientras caminaba en el campo de dientes de león, las hojas del pasto hacían cosquillas en mis dedos de pie, me dio cuenta del hecho de que rara vez o nunca tenemos la oportunidad de hacer esto en San Francisco.

DSCF2659En nuestro frío clima, es una gran excepción tener un clima lo suficientemente cálido como para andar en sandalias! E incluso, cuando la temperatura llega a ser medianamente alta (créanme es realmente un motivo de alegría), la neblina es tal que el pasto está casi siempre húmedo y frío- ¡No exactamente incitante para los fríos deditos de los pies!

En ese preciso momento, mientras mis dedos de pie se hundían en el suave y cálido suelo, recordé que no había caminado descalza por años.

Se me ocurrió en ese momento que muchos dan por sentado un placer como este. En ese instante pausé, abrazando la gratitud por estar experimentando el cielo bajo mis pies. A la vez, me sentí agradecida por mi vida en San Francisco por haberme dado este momento de perspectiva y profunda apreciación.

Continué moviendo mis pies lentamente, sintonizándome en los puntos focales de la meditación: colocar el pie, deslizarlo, levantarlo y repetir todo lo anterior, estando todo el tiempo absolutamente atenta y consciente de la sensación al tocar la tierra. Mientras lo hacía, los sonidos y  el olor de la primavera llegaban a mi conciencia: La hierba recién cortado, la abejas zumbando alrededor de mis pies, la suave briza en mis oídos….Y luego, ahí estaba – un pájaro que en la distancia entonaba su canto, un canto que mi di cuenta era un sonido icónico de Nueva Inglaterra. No existe este pájaro, con este canto, en California. Una vez más me deleité con gratitud por la magia de la madre naturaleza y su hermosa diversidad.

Absorta en el canto de aquel pájaro, me sentí inmediatamente transportada a mi infancia, al patio de recreo de la escuela. Ese pájaro y su canción representaban el sonido de mi niñez. Me inundaron recuerdos incontables de correr descalza en el pasto: barbacoas en el patio, fiestas de graduación, partidos de bádminton, fiestas en la piscina, acampar en el patio de mis abuelos, conciertos de verano … esos momentos en que todos inconscientemente nos permitimos correr descalzos en el pasto tibio, sin darle ningún valor especial.

Y en este momento muy especial, acá en esta espectacular pradera de Kripalu, durante este inesperado viaje, me di cuenta de que nunca más daré por sentado ese sencillisimo pero maravilloso placer…..y nunca más olvidaré la sensación de tener el cielo bajo mis pies.

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Bailar con tu Perro


Durante muchos años viajé sola, deseando no tener que hacerlo. En mis veintes, tuve un magnífico trabajo que me permitió realizar viajes a lugares maravillosos tales como Madrid, París, Londres y Costa Rica. Estos viajes fueron oportunidades únicas en las que aproveché al máximo para explorar y disfrutar el estar allí. Sin embargo, siempre tuve la sensación de que algo hacia falta. Añoraba poder compartir lo que estaba viviendo con alguien.

En cuanto al amor, sencillamente, el tiempo y las circunstancias nunca me permitieron  disfrutar y compartir mis viajes y aventuras con un compañero.  Inevitablemente me vi involucrada con personas muy desorganizadas o sin los recursos suficientes para asumir un viaje. En otras situaciones, mantuve relaciones con uno que vivía al otro lado del país, razón por la cual terminé siempre viajando sola. Después de experimentar heridas profundas en el corazón, mis viajes se tornaron, a demás de solitarios, tristes: a todas partes donde iba, me persiguian pensamientos y recuerdos de mis amores perdidos, las imágenes de oportunidades desperdiciadas y los supuestos: ” si hubiera…”

La buena noticia es que las experiencias van cambiándonos y el tiempo sana las heridas. Mientras más tiempo pasamos solos, más logramos abrazar nuestra soledad, aprendemos a amar nuestra propia compañía y nos volvemos  nuestro mejor amigo. En ese punto, valoramos y de hecho buscamos padar tiempo a solas. Este es el punto al que felizmente he llegado.

Recientemente me encontré en un momento de cambios y decisiones importantes, dudando cual camino tomar. Supe inmediatamente que para aclararme necesitaría un viaje de búsqueda interna….y supe que necesitaba hacerlo sola.

Y así fué, tomé la carretera de la costa Pacífica, yo sola, con mi carro y mi radio, preparada para la epifanía, lista para la aventura y abierta a lo que la vida me trajera!

DSCN1364Mi primera parada en el camino fué el  Parque Pfeiffer Big Sur, donde emprendí una caminata hacia una cascada. Esta fué mi primera vez caminando sola en la naturaleza. Mientras me movía entre troncos de árboles y terrenos escarpado , contemplé mi soledad, absorbiendo con conciencia toda la belleza de mi alrededor.

A lo largo del camino me encontré con parejas descansado y  haciendo chistes entre ellos. Como es común en estos casos, nos saludamos con un amigable “hola” y yo caminé sonriéndome a mi misma ante su evidente alegría y risa.

Al llegar a la cascada, me encaramé en una roca, donde almorcé recostada contra un árbol, disfrutando el sonido del agua que fluía a mi alrededor. Inmersa en la serenidad de la naturaleza fui conciente de mi estado de felicidad, estado que trascendía mi soledad. Mientras comía mi sándwich, las dos parejas lograron llegar hasta la cascada, así que nos saludamos nuevamente, esta vez , ofrecí tomarles fotos. Compartimos algunas risas y me deleité con la oportunidad de sentir esa conexión con extraños.

Unos minutos más tarde llegó una señora mayor. Le pregunté si quería que le tomara fotos también y comenzamos a charlar. Inmediatamente comenzamos a hablar a cerca de las aventuras de caminar en soledad. Discutimos como el estar solos nos da la oportunidad de conectar con personas que nos cruzamos a lo largo del camino. Me sentí feliz de poder conectar con ella de esa manera y muy orgullosa de mi misma por estar allí viviendo esa aventura por mi cuenta. Estaba motivada y a  la expectativa, sin importar a quien o que me encontraría luego.

¡El siguiente encuentro realmente me quito el aliento! Mientras caminaba, en la última parte del camino de descenso, casi llegando al parqueadero, vi lo que pensé era un perro de alguien que lo había dejado sin correa. No pensé mayor cosa. Después de unos minutos me pregunté donde estaría su dueño y me di cuenta que no había nadie alrededor, por lo que consideré la posibilidad de que se tratara de algo diferente a un perro.

Lo escuché  murmurando en el bosque, muy cerca de mi, así que me detuve y con cuidado, eché un vistazo más detallado. ¡Fue entonces cuando me di cuenta que a solo unos metros de distancia había un lince! Pues cualquiera que me conozca sabe el amor que siento por los animales, en especial por los felinos, de hecho tengo dos gatos en casa.

Mi madre podría contarles como de niña solía quedarme por horas consintiendo animales en el zoológico sin nunca tenerles miedo. Fui la típica niña que siempre llevó ardillas y conejos heridos a casa, pretendiendo sanarlos y servirles de enfermera. Evidentemente mi madre estuvo siempre preocupada por aquello de la rabia, pero yo nunca tuve miedo. Siempre sentí profunda conexión con el mundo animal y sintonía con su energía. De igual forma, al encontrarme con el lince tampoco sentí temor. Tal vez esto fué algo positivo, pues de haber mostrado miedo, el animal lo habría notado, reaccionando de forma probablemente agresiva. En este caso no fué así: simplemente se movió lentamente y con cautela, manteniendo la  mirada fija, alejándose de mi.

BobcatInspirada por su belleza, lo miré atentamente, observando el mismo comportamiento que veo todos los días en mis gatos. Admiré las marcas en la punta de sus orejas y su hermoso pelaje punteado. Lo observé completamente cautivada, mientras se movía con gracia y agilidad trepando entre los árboles, sumergiéndose en lo alto de la montaña. Para mi este fué un momento memorable, un poderoso momento de conexión con el mundo natural, que llevaré siempre en mi corazón.

Maravillada con el espectacular encuentro, regresé a mi carro y seguí mi camino hacia el sur por la carretera de la costa Pacífica. Cualquiera que haya viajado por allí sabe a lo que  me refiero cuando hablo de la belleza impactadora del paisaje a lo largo del camino. Por esta razón, vale la pena tomarse el tiempo, detenerse y disfrutar la impresionante vista.

En un punto, mientras manejaba, vi un grupo de gente señalando hacia el cielo. Me hice a un lado de la carretera para ver que era lo que miraban. Este, resultó ser uno de los primordiales destinos para el avistamiento del cóndor Californiano. Amantes de las aves esperaban pacientemente con sus binóculos en las manos. Paré y esperé por un rato, pero al no ver ninguno, regresé a mi carro y continué mi camino.

Y luego, ahí estaba. Al cruzar la autopista, miré hacia el cielo y lo vi, volando justo sobre mi: lleno de gracia y color, poderoso cóndor. ¡Majestuoso y absolutamente libre! Me imaginé volando como un ave, muy alto sobre la tierra, disfrutando y acogiendo todo.

Sentí mi espíritu expandido otra vez ante la gran dicha de conectar nuevamente con la naturaleza. Llena de gratitud y encanto continué mi paseo.

Más adelante, a lo largo de la autopista me detuve una vez más para fotografiar otro fantástico paisaje. Allí me encontré con la pareja que vi unas horas antes durante mi caminata. Nos saludamos y esta vez charlamos un poco a cerca de lo que hacíamos, de donde era cada uno, etc.

Me topé con las mismas parejas dos veces más durante mi paseo de tres días, y cada vez nos reímos ante el deleite de la sincronía. Cada vez, pude confirmar la conexión existente entre todos los seres del planeta. Que maravilloso es el poder conectar con otros, poder saber un poco a cerca de personas extrañas, recordando una vez más que a pesar de estar viajando por mi cuenta, ¡nunca estaba sola!

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Después de disfrutar la mágica vista, volví a mi carro y continué mi jornada con una sonrisa en mi cara. Conducí en las curvas, disfrutando plenamente el estar allí, en mi carro, con las ventanas abajo, la música a todo volumen y el viento moviendo mi pelo.

Pensé para mis adentros, “no puede haber nada mejor que esto.”

Un rato después, me llevó alrededor de una curva y a mi izquierda vi un hombre con un Gran Danés. El perro estaba parado en dos patas, bailando con su dueño. Me reí a carcajadas y luego sentí mis ojos llenarse de lagrimas, ¡lágrimas de alegría!

En ese momento me di cuenta de que la vida no se trata de alcanzar metas, de tener dinero o acumular vienes materiales. No se trata de si estamos solos o tenemos una pareja. Se trata de establecer conexiones: conectar con otros seres humanos, conectar con animales, conectar con el espíritu. Se trata de vivir el momento presente y absorber su belleza, la magia y el misterio que nos rodea a cada instante. Se trata de las experiencias que dejan una marca indeleble en el alma, de los momentos que nos dejan sin aliento. Se trata de bailar con tu perro….

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Lo Bueno, Lo Malo… y Los Agradecidos


Foto de usario de Flickr KateWares.

Foto de usario de Flickr KateWares.

La semana pasada me inspiró escribir la siguiente expresión de gratitud en mi muro de Facebook:

Estoy muy agradecida por mi vida: por cada triunfo,
por cada derrota, por cada elección,
por todos los riesgos, por cada decisión que altera la vida,
por todos los corazones rotos crudo y devastador,
por cada traición, por cada lección aprendida.
Estoy agradecida por cada momento,
porque cada uno de ellos me ha hecho quien soy hoy,
viviendo esta vida increíble, tan llena de gratitud.

Como acabamos de celebrar la festividad de Acción de Gracias aquí en los Estados Unidos, se nos recordó a hacer una pausa y dar gracias por las bendiciones en nuestras vidas. Pero como alguien que ha llegado a comprender, de primera mano, el puro poder de la gratitud, he aprendido que la práctica de la gratitud realmente debe ser a diario, y no uno que simplemente hacemos un solo día al año.

Hace unos años me encontré en las más oscuras profundidades de mi alma, viviendo a través de los años más dolorosas y difíciles de mi vida. Yo estaba por los suelos y me había convertido en una mera cáscara de la persona vibrante que yo había sido antes. A través de un momento de gracia, una nueva amiga entró en mi vida y me presentó a la ley de la atracción, a la idea de que nuestros pensamientos tienen poder y que con esos pensamientos podemos atraer tanto positivo como negativo en nuestras vidas; y que si nos demos cuenta o no, lo hacemos inconscientemente, sobre una base diaria.

Como las nubes por encima de mi cabeza crecían cada vez más oscuro y ominoso, decidí que iba a intentar cualquier cosa para cambiar mi vida. Así que para cambiar mis pensamientos hacia lo positivo, comencé una práctica diaria de la gratitud. Cada día escribía una lista de todas las cosas positivas que habían sucedido en aquel día, y todas las cosas por las que yo estaba agradecida, aunque sea pequeño. No importaba lo mal que me sentía o lo poco que yo quería arrastrarme fuera de la cama, me obligué a escribir la lista.

Hice esto todos los días durante meses, y mientras lo hacía, me sorprendió por lo que comenzó a suceder. Poco a poco, las cosas inesperadas y positivas aparecían en mi vida: las personas adecuadas se presentaban, felices sincronías se producían de la nada, y poco a poco las circunstancias de mi vida comenzaron a cambiar. Lo negativo comenzó a ser reemplazado por lo positivo hasta después de unos años de práctica continua de gratitud (complementado por una práctica regular de yoga), me encontré viviendo la vida más vibrante que había vivido alguna vez en mi vida. Aquí es donde me siento ahora. Me he convertido en una persona completa, he encarnado plenamente mi espíritu, y mi luz interior brilla más pura y brillante que nunca. Yo principalmente acredito esto a la práctica de la gratitud.

Por desgracia, es una triste realidad de la condición humana que con demasiada frecuencia nos encontramos sintiendo como víctimas: culpamos a otros por el dolor y traiciones infligidas a nosotros, sentimos lástima por nosotros mismos por las cosas malas que han sucedido a nosotros, nos preguntamos, “¿Por qué yo?” Le decimos a nosotros mismos: “Si solo X, Y o Z pasaría, finalmente podría ser feliz.”

El problema es que cada vez que encarnamos uno de esos sentimientos, estamos regalando nuestro poder. Cuando consideramos a alguien o alguna fuerza fuera de nosotros mismos responsables de nuestra felicidad, estamos dando a esa fuerza el poder sobre nosotros y estamos ignorando la realidad de que tenemos el poder de co-crear felicidad en nuestras vidas. El poder reside en nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

Photo de Usario de Flickr exper.Foto de Usario de Flickr exper.

Si miramos hacia atrás en nuestras vidas con la ira, la amargura y pesar, estamos enviando energía negativa hacia el universo, y eso es exactamente lo que vamos a atraer de nuevo: más negatividad. Y luego descendemos a una espiral descendente. Así que en lugar de repugnar a nuestro pasado, debemos mirar hacia atrás y abrazar cada aspecto de nuestro viaje: lo bueno, lo malo y lo feo. Debemos buscar la lección de cada experiencia, y si miramos realmente atentamente, que podemos incluso encontrar un resquicio de esperanza, algo bello que salió de una experiencia oscura.

Debemos abrazar la luz y la sombra, ambos lados de la vida. Debemos estar agradecidos por nuestras experiencias difíciles y dolorosas, por enseñarnos lecciones invaluables, por darnos fuerza, y ​​por liberarnos a nuevos lugares en los que estabamos destinados a viajar. Debemos mirar hacia atrás y deleitarnos en cómo los puntos habían conectado, y darnos cuenta de que gran parte de ello fue por una razón.

Así que, sí, cuando miro hacia atrás en mi vida, estoy agradecida por cada triunfo por darme coraje y mostrarme aquello de lo que era capaz.

Estoy agradecida por cada derrota aplastante por darme la motivación y el fuego en mi vientre para volver al ring y seguir luchando.

Estoy agradecida por cada elección, sin importar dónde llevaba, porque cada elección me ha enseñado que no hay errores, sólo los desvíos, y que a menudo esos desvíos resultaron ser por una razón hermosa e importante.

Estoy muy agradecida por haber tenido la valentía de asumir riesgos, a caminar con valentía en la cara de miedo, y forjar mi propio camino, independientemente de las “reglas” de la sociedad. Son estos riesgos que han permitido a mi vida a expandirse más allá de todo asombro.

Estoy agradecida por cada decisión que altera la vida que he tenido el valor de hacer, porque estas decisiones me han brindado experiencias ricas e inestimables, y han permitido a almas bellas, de todas partes del mundo, a cruzar en mi camino.

Estoy muy agradecida por todos los corazones rotos crudo y devastador: Estoy agradecida por el primero por haber revelado a mí mi profunda capacidad de amar. Estoy muy agradecida por el segundo por permitirme sentir la conexión verdadera de alma y, posteriormente, para romper conmigo, porque fue esa experiencia que me liberó para tener amor y crecimiento futuro. Y estoy muy agradecida por el tercero por haberme mostrado la más alta vibración de la luz y el amor que he conocido, y por hacer añicos lo que se había roto ya … ya que fue esta experiencia la que me llevó a los poderosos fuegos de la transformación.

Estoy agradecida por cada traición, porque cada uno me hizo una persona más fuerte y resistente, y me ha permitido entender mejor mis propios valores y la verdad interior.

Foto del usuario de Flickr Manue @ PrettyKiku.Foto del usuario de Flickr Manue @ PrettyKiku.

Y por último, estoy agradecida por cada lección aprendida, no importa lo terrible, no importa lo mucho que bajó mi moral, porque cada lección ha permitido a mi alma a evolucionar hacia ser el ser consciente y despierto que soy hoy. Estoy agradecida por cada momento, desde los impresionantes, y los que altera la vida, a los menos importantes, porque entiendo que cada momento es un paso precioso en el viaje del alma.

Por todo lo que ha venido antes, por todo lo que es ahora, y por todo lo que vendrá, sin embargo desconocido, soy y siempre estaré agradecida.

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Celebre la Vida


Foto del usuario de Flickr qviri.

Nunca se sabe lo que va a encontrar en la siguiente esquina…

Anoche cambié mi rutina un poco. Debido a que mi profesor de yoga regular está viajando en este momento, me decidí ir a una nueva clase de yoga, que en esta noche de viernes me puso en un barrio diferente, en un momento diferente de mi rutina habitual.

Caminé a través del hermoso parque de Panhandle de San Francisco, felizmente escuchando a mi Pandora. Disfrutando de las sombras del sol de la tarde, vi a corredores y ciclistas pasando por mi, los hombres jugando al baloncesto en la cancha cercana, y amantes de los perros tirando pelotas de tenis a sus perritos. Fue una noche maravillosa, típica del viernes en San Francisco.

Doblé la esquina hacia la Calle Stanyan para dirigirme hacia el estudio de yoga, y al acercarme al Mercado Whole Foods, de repente oí sirenas ruidosas y vi varios coches y motocicletas de policía descender sobre el mercado. Me detuve a ver lo que estaba pasando. Desde donde me encontraba podía ver a dos hombres en el suelo, uno agitándose y gritando, y el otro en silencio e inmóvil. Charlé con otros espectadores, todos nosotros tratando de reconstruir lo que había sucedido. Al parecer, alguien había sido capturado el hurto (el chico joven que estaba gritando) y había una persecución por el guardia de seguridad, que de alguna manera causó el guardia de seguridad a estar inanimado sobre el pavimento.

Foto del usuario de Flickr Scott Beale.

A continuación, un camión de bomberos entró a toda prisa, y uno de los policías corrió hacia el médico del departamento de bomberos que saltó de la camioneta. Escuchando atentamente lo que dijeron los oficiales, oí al policía decir (hablando de la guardia de seguridad), “Él está poniendo azul.”

Se me ocurrió que sus vías respiratorias se obstruyen y que era probable que él estaba en estado de shock o tal vez había sufrido un ataque al corazón. El médico corrió hacia el guardia de seguridad en el terreno, y entonces yo y mis compañeros de espectadores vieron con asombro mientras el médico comenzó la RCP en el hombre. Pudimos ver su pecho sube y baja como el médico realizó repetidas compresiones torácicas. Esto se prolongó durante varios minutos.

En una fracción de segundo, pensé en mi previa clase de entrenamiento con el Departamento de Bomberos de San Francisco para el entrenamiento de rescate de emergencia, y en la certificación de RCP que había recibido. Mientras pensaba en todas esas corridas de prueba que había realizado en el maniquí, mi mente corría a recordar la correcta relación de RCP: 2 respiraciones a cada 30 compresiones pectorales. Es una cosa realizar la RCP en un maniquí de práctica en la seguridad de una clase, pero aquí estaba presenciando la situación de verdad, y me dije a mí misma: “Si tuviera que hacerlo de verdad, ¿sería capaz? ¿Me acordaría de lo que tenía que hacer?” Me llamó la atención la realidad de que la frágil vida humana de este hombre estaba en manos de otro ser humano, un completo desconocido. Si alguna vez hubo un momento de reflexión, éste lo era.

Foto del usuario de Flickr onns.

Yo no podía dejar de pensar en la fragilidad absoluta de la vida, en lo delicado de nuestros cuerpos orgánicos, y de la cantidad de posibles amenazas y peligros que existen en la vida cotidiana. En cualquier momento, cualquiera de nosotros podría ser atropellado por un autobús, tener una peligrosa caída por las escaleras, sufrir de un inesperado ataque al corazón, o incluso (cuando se vive en una gran ciudad como San Francisco) ser alcanzado por un bala perdida. Y en ese momento se me ocurrió cómo frívolo e irrelevante son tantas de nuestras triviales preocupaciones humanas: cómo es inútil para nosotros que preocuparnos por eso chico o chica que nos rechazaron; para estar molesto por el mal corte de pelo; para estar enfadado sobre el jefe que nos negó la promoción.

En el gran esquema de las cosas, y de nuestro lugar en el Universo, estos ensayos y tribulaciones diarias son tan poca importancia y no valen la pena gastar nuestra energía. En su lugar, debemos centrarnos en vivir en el momento presente, debemos enfocarnos en la positividad y la belleza que existen en nuestras vidas y en nuestro entorno en un momento dado. Debemos tomar el tiempo para decir a nuestros amigos y familia cuánto los amamos. En lugar de preocuparnos y tener estrés, debemos vivir… y debemos amar.

Fui arrancada de mis pensamientos profundos cuando vi el médico tomar el aparato para dar una descarga eléctrica a su corazón. Yo sabía, por mi propio curso de RCP, que la cantidad de tiempo que había pasado haciendo compresiones en el pecho era una señal preocupante. Yo contuve la respiración mientras lo observaba aplicar las paletas y darle la descarga eléctrica. Yo era muy consciente de la gravedad de la situación que estaba observando.

Para alivio de todos nosotros que estabamos mirando, de repente vimos a ellos poner un goteo intravenoso en el brazo del hombre. Entonces oí a uno de los oficiales diciendo que el hombre tenía pulso. Dejé escapar un suspiro de alivio y luego observé con asombro y admiración, ya que levantaron al hombre en una camilla y lo cargaron en la parte trasera de la ambulancia. Yo acababa de presenciar el salvar de la vida de este hombre, delante de mis propios ojos…en una aleatoria noche de viernes, y en mi camino a una aleatoria clase de yoga.

Con gran respeto y agradecimiento, pensé en todos nuestros valientes socorristas primeros que salvan tantas vidas, todos los días. Después del reciente aniversario del 11 de septiembre, seguido por una semana triste de ver a cuatro de mis ciudadanos norteamericanos pierden la vida trágicamente en Libia, y ahora después de ver esta increíble escena de este bombero salvando la vida de un desconocido, me acordé de que hay héroes a nuestro alrededor y entre nosotros. Y si están salvando vidas, o sacrificando sus vidas, son un recordatorio muy importante que la vida debe ser celebrada.

Así que la próxima vez que esté fuera de casa, ya sea en su rutina habitual, o tal vez cambiando su rutina como hice yo, abra los ojos. Mire a su alrededor. Mire a toda la belleza y la vida que está por todas partes a su alrededor, en cada momento, o tal vez a la vuelta de la esquina. Recuerda que la vida es un don, que es preciosa … y recuerda que la vida debe ser celebrado, siempre.

Foto del usuario de Flickr Princess K8.

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Los Fantasmas del Pasado


Photo attributed to Flickr User flydown.

Durante años no pude visitar a Boston. El dolor era demasiado, fueron demasiados fantasmas. Atormentada por los recuerdos de relaciones fracasadas, de devastadores corazones rotos, y de sueños rotos, la idea de volver a la escena del crimen, simplemente me llenó de tanto pavor. Yo había avanzado a nuevas ciudades, nuevas aventuras con nuevas vidas y nuevos amigos, donde yo vivía nuevos recuerdos y trataba de olvidar la tragedia del pasado. Yo estaba tratando, con determinación y desesperadamente, para que nazca una nueva Jeannie.

Pero con el tiempo, la influencia de las obligaciones familiares y las inesperadas oportunidades de trabajo me encontraría de vuelta en Boston, caminando a regañadientes a través de mis armarios viejos, tratando de esquivar los esqueletos. Por más que intentaba evitar mis antiguos lugares, la fuerza de la emoción no resuelta en ocasiones sería demasiado fuerte para resistirse. Me encontré a mí misma caminando con la mente nublada a través de los barrios antiguos, pasando por delante de apartamentos antiguos, y andando a través de portales de tiempo que me llevarían directamente de vuelta a la escena de tantos recuerdos, tantas emociones palpables. Yo los probé, más amargo que dulce. Yo los olí, más agrio que suculento. A pesar de que ya se habían pasado, yo los revivía, dolorosa y trágicamente, una y otra vez.

No pude ir a ese restaurante, porque eso fue donde conocí a “él.” Esa parcela de hierba fue donde nosotros reposamos en busca de estrellas fugaces. Esa tienda de videos fue donde reuní las agallas para hablar con “él.” Ese parque fue el lugar donde nos separamos. Esa tienda fue donde paseamos delante del lindo gatito en la ventana. Ese bar fue donde compartimos nuestro primer beso. Y ese escalón fue donde me dijo adiós, secándose las lágrimas de “sus” ojos. Parecía que por todas partes me mirara, había recuerdos de amor perdido, recuerdos de mejores amigos trágicamente arrancado de mi vida.

Photo attributed to Flickr User Helmut Kaczmarek.

Pero los años pasaron y como siempre lo hace, el tiempo comenzó a sanar todas las heridas, poco a poco. Una ciudad, a continuación, otra ciudad, y luego una tercera ciudad, y yo había creado tres nuevas versiones de Jeannie, cada una un poco diferente que la primera. Yo estaba convirtiendo lentamente en una persona diferente. Estaba conociendo gente nueva, teniendo nuevas experiencias, creando nuevos recuerdos, haciendo nuevos amigos, viviendo unas vidas completamente diferentes. Con el tiempo, yo ya no era la misma Jeannie que había sentado en ese trozo de hierba o había estado de pie en esa escalón. A pesar de que esa persona siempre sería una parte de mí, ella se había transformado y había convertido en una nueva criatura, un ser más fuerte y resistente, formado por el paisaje de la vida.

Este año, la familia me encontraría de regreso a Boston, ahora hace nueve años inimaginables desde que me había salido. Y me encontré inesperadamente emocionada de regresar. Estaba emocionada de visitar a la familia, para oler el aire salado del mar, a caminar por las pintorescas calles empedradas con sus casas coloniales encantadores. Esperaba con interés la creación de nuevos recuerdos.

El Jardín Público de Boston.

Una vez allí, mi familia y yo nos pusimos en camino de experimentar todo lo que la hermosa ciudad de Boston tiene para ofrecer: paseos por el Jardín Público de Boston, bajo mis árboles favoritos sauce llorón; paseando por delante de las viejas filas de casas de Back Bay, retozando a través las históricas calles de Beacon Hill, con sus faroles de gas adorables; caminando por el paseo marítimo de tomar el dulce olor del aire salado como miramos los barcos van y vienen. No sentí ninguna necesidad de volver a visitar a mis antiguos recuerdos; de alguna manera sabía que no era necesario pisar en esas tumbas.

Pero mientras nos paseábamos alrededor, por toda la ciudad, inevitablemente nos encontrabamos con varios de los sitios de mis pasadas tribulaciones. No sabiendo cómo me iba a sentir, me sorprendió un poco y estaba encantada de encontrarme a mí misma sonriendo. Esos recuerdos que habían sido dolorosos, ahora no eran. Lo que una vez había llenado mi corazón con profundo dolor debilitante, ahora en vez llenó mi corazón con paz y amor. Pensé en los recuerdos, y las personas detrás de ellos, y para mi sorpresa me encontré llena de nada más que cariño por ellos. Me di cuenta en ese instante que la antigua Jeannie había integrado con la nueva Jeannie.

Recuerdo la sensación que tenía aquel primer día que llegué a Boston. A medida que la antigua Jeannie chocó con la nueva Jeannie, tuve una sensación de extrañeza, lo surrealista que era para tener en cuenta y tratar de conciliar estas dos personas completamente diferentes. Ellas eran tan distintas: una era joven, inocente y vulnerable, mientras que la otra era madura, elegante y sabia. Ellas habían tenido experiencias tan diferentes, vidas tan distintas.

Pero ahora como me siento en el avión volviendo a San Francisco, la ciudad de mi vida actual, me doy cuenta que soy integrada alegremente y tranquilamente. La nueva Jeannie se reunió con la antigua, le dio las gracias para todas las lecciones aprendidas de gran alcance, reconociendo que ella no podría existir sin su antigua yo. Y la antigua Jeannie sonrió con orgullo a la nueva, le dio unas palmaditas en la espalda por un trabajo bien hecho y la mandó en su camino, hasta las nuevas aventuras y experiencias que la esperarían … y que van a transformarla una vez más.

Photo attributed to Flickr User h.koppdelaney.

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